domingo, 17 de marzo de 2024

Entre confesiones y confusiones

Hay quien escogió su carrera por vocación. Yo, por equivocación. No tuve un despegue meteórico (aunque supe de meteorismo por el estrés de los exámenes parciales). Hubo algunos que egresaron summa cum laude. Mi salida, a lo Juan Luis Guerra, fue con summa dificultad. Mi ingreso al mercado laboral ocurrió como un parto en medianoche, en los pasillos de una casa abandonada, sin agua ni electricidad y, encima, de madre primeriza pariendo trillizos en día de tormenta. Mi primer sueldo no fue indigno, pues no tuvo siquiera el mérito de llamarse sueldo: me ofrecieron trabajar al cateo de la laucha. Alejado de los salones y las luces, aprendí el oficio en la calle (instalé mi carrito en la intersección de dos avenidas principales bien alumbradas). Rodeado de perros, supe de pulgas y garrapatas. Rodeado de policías, supe de razias y sinrazones. Sobreviví contento (como gato lamiendo un tarro de atún) y mantuve un buen estado físico (corriendo como guepardo nunca fui detenido). Con el paso feroz de los años, envejecí y perdí la ferocidad. Hoy, rodeado de ancianos hambrientos de aventuras, me preguntan cuál fue mi mejor número. Mirando llover tras la ventana del asilo, contesto cual John Nash: mis favoritos siempre fueron los números imaginarios.  

[Anónimo]

 

sábado, 16 de marzo de 2024

Individuos 19-5

Llevan más de 50 años juntos. Entre pestes y guerras, respiran todavía. Don 19-5 conoció a doña 19-5 a dos cuadras del lugar donde ahora viven. De niños fueron vecinos, en la escuela se hicieron amigos, en un banco de plaza se enamoraron y apenas lograron su autonomía, celebraron matrimonio. A los años llegaron los hijos y, con el correr del tiempo, los hijos se fueron. El par de viejos resintió la soledad. Saben que el mundo ha cambiado desde cuando nacieron. Pero viven sin comprender la magnitud de las mutaciones. Seis meses atrás llegó al barrio un joven que, cuando los vio cargar a duras penas las bolsas del mercado, se ofreció a ayudarles hasta la puerta de la casa. Se lo agradecieron. Lo invitaron a pasar y le ofrecieron un vaso de agua. Mientras bebía, el muchacho recorrió con la vista cada rincón del hogar. Al retirarse les dijo que contaran con él cuando lo necesitaran. Los viejos se emocionaron ante tamaña bondad. Semanas después el joven vuelve a entrar a la vivienda de los dinosaurios. En un instante pide permiso para ir al baño y, luego, antes de salir, se ofrece a llevar su vaso vacío hasta la cocina. Los veteranos lo dejan moverse con libertad. Confían en él. Y así pasan los días. Los abuelos duermen, despiertan, se visten, se desvisten, riegan sus plantas, preparan sus comidas, barren el suelo, leen en voz alta, ríen y lloran, y con cierta frecuencia, se toman de las manos, se acarician y, al ritmo de los boleros que hacen sonar, bailan pegados. Cada acción, reposo, palabra o silencio que ellos protagonizan es transmitida en tiempo real por la nanotecnología instalada en el baño y la cocina. El muchacho que lo hizo goza a costa de lo que ve. Selecciona las escenas que más le gustan, las edita, las musicaliza y, por las noches, sin falta, las difunde por las redes sociales. Le ha ido bien con su negocio: ha ganado sus primeros dólares y su audiencia crece de forma exponencial.

 

 

miércoles, 6 de marzo de 2024

Individua 19-4

Individua 19-4 vive en la última casa del barrio. La última que va quedando. Ahora, a su alrededor, se levantan torres que tocan las nubes. Cuando sale al patio a regar sus plantas, mira hacia arriba. Le resulta imposible contar desde cuántas las ventanas la están mirando. ¿Vida privada? Difícil, a menos que se refugie dentro de las murallas de su hogar. Salir al patio es exponerse, en un escenario abierto, ante un público insaciable que nunca se cansa de ver. Teléfonos móviles, drones y catalejos se entrometen en su intimidad sin pedirle permiso ni disculpas. La honra de Individua 19-4 es puesta a prueba cuando se desplaza por su jardín. A diario sus piernas recorren una pasarela rodeada de ojos y cámaras. Su fama y reputación se hallan en juego cuando se agacha para recoger las fecas de su perro, colgar su ropa interior o cuando sus manos recorren su cuerpo para rascarse la parte que le pique. Estando en su vergel, sus datos personales se exponen con transparencia: estado civil, número de hijos, capacidad patrimonial. Teme besar y ser besada entre sus rosaledas. Y ya pocas ganas le quedan de tomar el sol acostada sobre una toalla. Más de un telescopio ha mostrado interés en investigar el color del lunar que luce en su nalga derecha. No puede más. Mañana aceptará la oferta de la inmobiliaria.

lunes, 4 de marzo de 2024

Individuo 19-3

Sentado en el banquillo, Individuo 19-3 guarda silencio. No calla por estrategia. Calla porque no comprende el sentido de lo que sucede. Quien habla por él es el chaleco amarillo que viste sobre su ropa. Con letras grandes, en mayúscula y estampadas en negro, se aprecia, en el pecho y en la espalda, la leyenda I-M-P-U-T-A-D-O. Sus manos engrilladas le dificultan rascarse la cabeza. La jueza le concede un minuto para conversar con su defensora. Así lo hace. Queda peor. La letrada es experta en jerigonza. “Soy clara, ¿verdad?”– le consulta al verlo confundido. Individuo 19-3 se sincera y admite que ignora por qué lo persiguen. “Mire, lo que pasa es esto…”, responde la abogada y al instante inicia -sin respirar ni tragar saliva- una relación de fechas, nombres y lugares que a su defendido le dicen nada. “¿Ahora sí? Me sigue, ¿no’cierto?” – lo interroga al terminar su perorata. El sujeto, perplejo, la mira con ojos grandes. ¿Qué gana con decir que no comprende? Seguro le repetirán el mismo mensaje encriptado y con mayor volumen (como si fuera sordo). Por la sala se expande el hedor que expele el cuerpo del imputado. El olfato de los intervinientes sufre la ausencia de agua y jabón. Las narices votan por presumir de derecho la responsabilidad penal del hediondo. La fiscalía pide su prisión preventiva. “Y lo hago en base a los siguientes antecedentes, Señoría”, afirma la representante del Ministerio Público. Y se luce. Sabe que la prensa registra su imagen y discurso en grabaciones de alta fidelidad. “Aquí se observa una huella de zapato que bien podría corresponder al imputado”, y con su dedo apunta a ese campesino esposado que de niño calza sandalias. “Aquí se muestra, por la espalda, una larga caballera que bien podría ser la del fugitivo. Señoría, lo sé: si ahora él luce el pelo corto, sepa que lo hace para burlar la acción de la justicia”, continúa la persecutora. “Y en esta fotografía se aprecia la mano tatuada del autor de la agresión. Usía, también lo sé: el hecho de que ahora sus manos estén limpias no anula la posibilidad de que esos tatuajes hayan sido temporales y usados para confundir”. La jueza oye, mira el techo, suspira y decreta un receso. Al regresar, de plano sentencia: “Por estimarlo un peligro social, se ordena la prisión preventiva del imputado”. El hombre no se inmuta. Permanece entero. ¿Será estoicismo? No, es ignorancia. Desconoce que la privación de libertad recién comunicada será la suya. Ni sospecha que ese día no regresará a su casa, no comerá en su mesa ni dormirá en su cama. Más tarde, enjaulado en una celda, se preguntará por qué.

viernes, 1 de marzo de 2024

Individua 19-2

Individua 19-2 se mira al espejo. Contempla su imagen en silencio. El reflejo le devuelve una docena de diferencias que la distinguen entre sus pares (a veces se siente irreconocible dentro de su especie). Y cuando conversa con los otros (los más próximos y los más lejanos) comprueba que no son iguales. Ella no ha degustado manjares, habla sólo su lengua materna y de los países del mundo conoce sus banderas y capitales gracias a sus lecturas de atlas y almanaques recogidos en librerías de segunda mano. Cuentan que dicen que los abuelos de sus abuelos llegaron hasta aquí esperando vivir sin cadenas. Fueron oleadas de cientos los que -por esos años- inmigraron anhelando poner un pie en esta tierra para ser libres. Hombres y mujeres por igual. Lo que vino después es un conjunto de ensayos -leyes y autoridades de por medio- para generar un espacio sin arbitrariedades. Hubo veces cuando pasó hambre (en especial esos días cuando el menú incluía la misma ración para todos. Se convenció que el recibir idéntica cantidad de gramos de pan que su vecino no siempre la dejaba satisfecha). Y no faltaron los momentos cuando se lamentó no saber qué hacer con los excesos que le sobraban (piensa que, si le hubieran dado menos, habría sido mejor). De noche (sea al salir de una cafetería o a solas entre los árboles del parque) disfruta observar las estrellas. Entonces imagina qué pasaría si uno trabajara de acuerdo con su capacidad y consumiera según su necesidad.

Terrorista

La apodé mi Terrorista. Nunca fabricó una bomba y jamás usó un pasamontaña, pero usaba el terror como nadie antes lo hizo. Leía todo sobre g...