Individua 19-4 vive en la última casa del barrio. La última que va quedando. Ahora, a su alrededor, se levantan torres que tocan las nubes. Cuando sale al patio a regar sus plantas, mira hacia arriba. Le resulta imposible contar desde cuántas las ventanas la están mirando. ¿Vida privada? Difícil, a menos que se refugie dentro de las murallas de su hogar. Salir al patio es exponerse, en un escenario abierto, ante un público insaciable que nunca se cansa de ver. Teléfonos móviles, drones y catalejos se entrometen en su intimidad sin pedirle permiso ni disculpas. La honra de Individua 19-4 es puesta a prueba cuando se desplaza por su jardín. A diario sus piernas recorren una pasarela rodeada de ojos y cámaras. Su fama y reputación se hallan en juego cuando se agacha para recoger las fecas de su perro, colgar su ropa interior o cuando sus manos recorren su cuerpo para rascarse la parte que le pique. Estando en su vergel, sus datos personales se exponen con transparencia: estado civil, número de hijos, capacidad patrimonial. Teme besar y ser besada entre sus rosaledas. Y ya pocas ganas le quedan de tomar el sol acostada sobre una toalla. Más de un telescopio ha mostrado interés en investigar el color del lunar que luce en su nalga derecha. No puede más. Mañana aceptará la oferta de la inmobiliaria.
miércoles, 6 de marzo de 2024
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