Apenas supieron que el niño nació, llegaron uno por uno trayendo regalos. Todos lo hicieron a escondidas (¿prófugos, fugitivos?). Ella fue la primera en entregarle su obsequio: sacó de su cartera una lista de pecados inconfesables. Luego vino él: de su maleta extrajo un delito imprescriptible. Siguieron los de allá y más allá. La montaña de culpas y vergüenzas acabaron por sepultar al neo nato. Y así se fueron cada uno a lo suyo. Treinta y tres años después oyeron la noticia de una muerte de cruz y, tres días más tarde, supieron de una tumba vacía. Desde entonces siguen existiendo en paz y siempre con alegría. Esta noche se encontrarán para celebrar navidad. Recordarán -seguro- aquella primera vez cuando se conocieron allá en Belén.
miércoles, 25 de diciembre de 2024
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