miércoles, 7 de febrero de 2024

¡Secuestrado! (4)

Temístocles Soto reposa su cabeza sobre sendos pechos de mujer. En un lenguaje sin palabras dialoga con ella. Disfruta del momento. “¿Quién eres?”, pregunta el profesor. “¿Para qué quieres saberlo?”, le contesta la dueña de esas manos que ahora lo acarician. “Al menos dime entonces a qué has venido”, replica él.

-          Vengo a liberarte.

-          Pero no me iré contigo hasta siquiera saber cómo te llamas.

-          ¡Adivínelo, profesor!

-          Sólo si me das unas pistas.

-          En mí reposa la fuerza de Débora. [Nota 1 del editor: alude a la jueza del antiguo Israel, en los años previos a las monarquías de Saúl, David y Salomón].

-          ¡Chanfle! Quedé igual. No, aún peor. [Nota 2 del editor: la casa editorial no responde por la ignorancia bíblica del protagonista. Se le hizo ver este defecto al autor, pero en vez de pulirlo insistió en publicarlo].

-          En mí habita la valentía de Ester. [Nota 3 del editor: se alude a Hadasa, la hebrea, quien, intrigas de palacio y concurso de belleza de por medio, llegó reinar un imperio que abarcó desde la India hasta Etiopía].

-          ¡Diantre! Me hundo más y más en la intriga. [Nota 4 del editor: ¡Ay, Soto! ¡El siguiente, por favor!].

-          Soy una hija de Eva con tantas agallas para nadar contra corriente como Rut la moabita. [Nota 5 del editor: mujer extranjera que venciendo el dolor de la viudez dejó su tierra natal para probar suerte como allegada en Israel. Triunfó].

-          Hermosa desconocida, me la haces difícil. Sólo sé que te admiro, aunque seas más compleja que la conjugación condicional compuesta del verbo haber.

-          No temas, hombre de barro. Nada más entrégate a mi calor mientras esté contigo.

-          ¿No serás Juana de Arco?

-          No, pero basta ya. ¡Levántate y sígueme! Mira que tus captores han despertado y vienen por ti.

Soto corre tras la estela de su heroína. Ella, veloz y siempre por delante, grita hacia atrás: “¡Llámame por mi nombre de guerra: Basorexia!” Y así, urgidos por la prisa, montan un corcel. La bestia, negra como la noche, se levanta sobre sus dos patas traseras. “¡Agárrate fuerte de mi cintura!”, le instruye con seriedad su redentora. A corta distancia la cuadrilla de plagiadores los persigue, cada uno conduciendo una cuadrimoto. Se aprestan a abrir fuego, pero antes Basorexia alza la voz con fuerza de catarata: “¡Agáchate, Soto! ¡Voy a disparar!” Y se contornea con agilidad felina. Una tras otra lanza cuatro flechas encendidas y las cuatro dan al blanco. Los plagiadores caen al suelo y ruedan como barriles cerro abajo. Un kilómetro más allá, extinguido el peligro, Basorexia desmonta del caballo e invita a Soto para que haga lo mismo. Juntos suben caminando el sendero de una colina. Llegan a un plano, un auténtico mirador natural. Contemplan el valle con las primeras luces del amanecer. Temístocles se acerca para fundirse con ella en un abrazo. Al instante Basorexia se evapora. Soto, en soledad, espera la salida del sol. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Terrorista

La apodé mi Terrorista. Nunca fabricó una bomba y jamás usó un pasamontaña, pero usaba el terror como nadie antes lo hizo. Leía todo sobre g...