Temístocles Soto está agotado. Sus estudiantes (violadores ortográficos por naturaleza y vocación) casi le colman la paciencia. Gastó 45 minutos en explicarles que la H se escribe, aunque no se pronuncie. Los secuestradores no le creen. Sospechan que el profesor los está timando. Sólo comenzaron a convencerse cuando Soto abrió el Diccionario y leyó, una por una, las decenas de palabras allí registradas. “Ya, profe, está güeno. Déjelo ahí, nomá. No le ponga tanto, tampoco. Mire que no somos tan brutos”, afirmó el sujeto de voz gutural. Al instante le entregan una copia impresa del MAPC (Manual Autogestionado del Plagiador Criollo). Soto, con un lápiz rojo en la mano, detecta los errores atingentes a la letra H: “¡Oy termina la oferta!”, “¡Aora o nunca!”, “Ola, le abla el gerente”, “Ay que transferir a esta cuenta”. Los captores advierten que las pifias abundan. Esto les tomará más tiempo de lo que pensaban. Pero son empeñosos y tienen ánimo. Manos a la obra: hoy mismo van a lanzar la versión corregida y actualizada del MAPC. [Nota del editor: esta prestigiosa casa editorial nada sabe ni tiene que ver con el mentado MAPC]. En paralelo, y al otro extremo de la ciudad, se encuentra la profesora de religión a quien Temístocles ama en secreto. Ella, ignorante de los hechos, lee su Biblia. Sus ojos recorren las páginas del Éxodo. Se emociona con Moisés, miles de años atrás, confrontando al faraón y abogando por la libertad de los esclavos. Su corazón se inflama. Comienza a orar al Señor a favor de los oprimidos de la tierra. La nostalgia la lleva a revivir su ciclo de estudios teológicos en Centro América. Partió para allá cuando era jovencita. Se matriculó en un ciclo intitulado “Relecturas bíblicas: del dicho al hecho”. Aprendió la diferencia entre ortodoxia y ortopraxis. Disfrutó el programa: “Éxodo: ¡una vida sin cadenas!”, “Amós: ¡denunciando la corrupción!”, “Cantares: ¡el gozo de la carne!” y “Santiago: ¡contra los ricos opresores!” Además, tonificó su cuerpo y ganó elasticidad gracias a los talleres de “Combate subversivo” y “Guerrilla urbana”. A su regreso al país, al sur del mundo, ella era temida, deseada y admirada por los feligreses de su comunidad. Mas, fiel a su promesa de celibato, rechazó todas las declaraciones románticas que recibía cada vez que ministraba a los necesitados. Visitaba las cárceles y los hospitales y, sin saberlo, iba rompiendo los corazones de los presos y enfermos a quienes prodigaba una palabra de esperanza. Y esta noche, la maestra se enfoca en clamar por todo aquel que ha perdido su libertad. En el trono celestial el Señor reconoce la voz de su hija. El Soberano del Universo atiende el ruego y llama a su presencia a uno de sus ángeles más incondicionales. “Gabriel[1], vete ahora mismo a cuidar a Temístocles Soto. Dale consuelo, refresca su espíritu y regálale un sueño donde su amada profesora sea la protagonista. Sorpréndeme, Gabriel”. Al toque, el plumado asistente cruza el cosmos. Llega al lado de Soto. El maestro, roncando entre sus captores, empieza a soñar.
martes, 6 de febrero de 2024
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