jueves, 29 de febrero de 2024

Individuo 19-1

Cuenta la leyenda que alguna vez hubo derechos. Así se lo enseñaron a Individuo 19-1 desde cuando nació. Su vida se ha escrito al desamparo de esas declaraciones que antaño se escribían en las constituciones y tratados internacionales. Aquí no hay gobierno, legislatura ni jurisdicción que vele por él. Su integridad es un asunto que sólo le importa a él y depende de él. Ya suma varias pellejerías. Ha escapado de todas. Los suyos son tiempos de guerras, pestes, incendios y terremotos. Hoy recuerda a su madre. Ella sí lo protegió cuando estaba en el vientre. El niño que fue quedó atrás. Ahora, viejo y canoso, se pregunta todavía (sin evitar el asombro) cómo zafó de la pena de muerte que una vez se dictó en su contra. Sí, era inocente. Aun así, su hoja en blanco no impidió que fuera sometido a un proceso que -no tiene sentido ocultarlo- incluyó la aplicación de tormentos. (Claro: las autoridades, a oscuras, decidieron que a golpes se le ablandaría la lengua o, por lo menos, le refrescarían la memoria). Mas nada detiene a Individuo 19-1. Dando sus últimos pasos sobre el planeta (¡vivo todavía!), debe cuidarse de su nueva amenaza. Hay un grupo de científicos y tecnólogos que hace rato se lo quieren servir. Necesitan adormecerlo -con unos minutos bastará, le dicen con persuasión- para extraer de su cuerpo un pelo, una gota de sangre, algo de saliva y una mínima muestra de semen. El juego es sin reglas. Los requisitos y condiciones las imponen aquellos que lo buscan día y noche. Son sabuesos feroces que no saben de restricciones. Con tal de experimentar, todo vale. Esta mañana Individuo 19-1 intuye que su actividad cerebral (en concreto: la información que de ella proviene) son datos valiosos que alguien apetece. Tanto así que le han puesto precio a su cabeza. Y esto en el más literal de los sentidos.

 

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